El Proyecto de Todos es una iniciativa impulsada por CaixaBank en la que AMACI resultando seleccionada y recibiendo una subvención para el desarrollo de su propuesta: visibilizar la infra detección de niñas y mujeres con altas capacidades intelectuales. Este reconocimiento supone un impulso importante para seguir trabajando en un objetivo claro: poner de manifiesto la brecha de género que persiste en el ámbito de las altas capacidades, un fenómeno que sigue siendo invisible para gran parte de la sociedad y que afecta de forma directa a niñas y mujeres cuyo diagnóstico y reconocimiento siguen produciéndose en menor medida que en el caso de los niños.
Para dar respuesta a esta realidad, AMACI ha desarrollado, dentro de este proyecto, un conjunto de acciones de sensibilización y divulgación, entre las que destacan screenings y ciclos de conferencias. A través de estas iniciativas se busca acercar el tema a familias, profesionales y a la sociedad en general, fomentando un debate informado y contribuyendo a que la detección y el acompañamiento de las altas capacidades se realicen desde una perspectiva más equitativa.
La asociación AMACI, con el apoyo del Proyecto de Todos de de CaixaBank, ha organizado dos charlas online impartidas por la psicóloga e investigadora Rosabel Rodríguez, profesora titular de la Universitat de les Illes Balears, en las que ha analizado por qué tantas niñas y adolescentes con altas capacidades intelectuales pasan desapercibidas y qué se puede hacer para acompañarlas.
Los pasados días 18 y 25 de junio, AMACI celebró dos sesiones formativas online que congregaron tanto a familias como a docentes interesados en el desarrollo del talento femenino. Ambas ponencias, tituladas "Brillantes pero invisibles" y "Del camuflaje al desarrollo", corrieron a cargo de Rosabel Rodríguez, doctora en Psicopedagogía, psicóloga, logopeda y profesora titular de la Universitat de les Illes Balears (UIB), coautora del protocolo de identificación de altas capacidades de esa comunidad autónoma y autora de programas de atención y de enriquecimiento curricular en centros educativos.
Dos "verdades incómodas" como punto de partida
Rodríguez abrió la primera charla planteando lo que ella misma definió como dos verdades incómodas de la sociedad actual: por un lado, la persistente falta de atención, formación e identificación en torno a las altas capacidades intelectuales; y, por otro, una desigualdad de género que, según explicó, "afecta a todas las clases sociales, a todas las edades y a todo tipo de mujeres, ya sea con mayor o menor capacidad intelectual". Cuando ambas realidades confluyen, sostuvo, el resultado es que las niñas y adolescentes con altas capacidades son "las peor atendidas y las peor entendidas" de todo el colectivo.
La ponente insistió en no perder de vista la "I" de Inteligencia. Para ella, hablar de altas capacidades sin hablar de una cognición por encima de la media conduce a discursos peligrosos que confunden los rasgos de personalidad o de comportamiento con el propio talento intelectual.
Una identificación muy por debajo de lo esperado
Uno de los momentos más intersantes de la primera sesión fue el repaso de datos oficiales. Según los últimos datos del Ministerio de Educación, correspondientes al curso 2024-2025, la media española de identificación de alumnado con altas capacidades intelectuales no llega al 1%, muy lejos del 7% que los estudios internacionales consideran el umbral mínimo esperable en cualquier población. Illes Balears, con un 0,87%, duplica la media nacional, pero comunidades como Aragón (0,18%) o Cataluña (0,30%) se sitúan muy por debajo.
Rodríguez detalló el caso balear, donde existe un protocolo de identificación aplicado en los centros desde el curso 2015-2016: de los cerca de 200.000 alumnos no universitarios escolarizados, deberían estar identificados unos 13.800 con altas capacidades. Además, subrayó que la brecha entre niños y niñas identificados se mantiene constante a lo largo de los años, y que cuando la identificación se retrasa hasta la preadolescencia o la adolescencia, el porcentaje de niñas detectadas cae de forma notable respecto a los niños.
Barreras externas: familia, escuela y sociedad
La psicóloga dedicó buena parte de la primera charla a repasar lo que denominó barreras externas, es decir, los mensajes que la familia, la escuela y la sociedad transmiten y que terminan moldeando cómo se expresa el talento femenino. Como ejemplo, analizó un vídeo viral de un jugando con sus hijos, en el que la niña termina apartándose del juego para imitar tareas del hogar mientras su hermano recibe toda la atención futbolística; o un polémico anuncio que asociaba la vocación científica femenina a la estética y el maquillaje y que fue retirado por las críticas recibidas,
La conferenciante citó además un análisis de 2005 que concluye que no existe una diferencia intrínseca de aptitud matemática entre hombres y mujeres, "Ni la genética ni la estructura neurológica cambian en cincuenta años", señaló Rodríguez; lo que ha cambiado, explicó, es la relación social de las niñas con las matemáticas.
Barreras internas: síndrome del impostor y miedo al éxito
La segunda gran causa de invisibilidad, según Rodríguez, son las barreras internas: patrones que, aunque nacen del entorno, terminan siendo interiorizados por las propias niñas y adolescentes. Entre ellos citó la falta de autoconfianza, con estudios que muestran que ya a los 6 años las niñas se perciben menos brillantes que sus compañeros, el síndrome del impostor, el miedo a "ser pioneras" en entornos masculinizados, el miedo al éxito descrito por la investigadora Horner, y un perfeccionismo desadaptativo que, a diferencia del perfeccionismo "sano", tiene un coste real en salud y bienestar.
Citó también un estudio de la Universidad Complutense según el cual los hombres se autovaloran, de media, casi seis puntos más inteligentes que las mujeres sin que exista ninguna base objetiva para ello, y en el que tanto hombres como mujeres tienden a considerar más inteligente al padre que a la madre.
Segunda sesión: del camuflaje al desarrollo
Una semana después, el 25 de junio, Rodríguez retomó el hilo con la segunda charla, centrada en cómo acompañar el desarrollo de estas niñas sin que tengan que renunciar a quienes son.
La ponente insistió en tres ideas: no siempre se reconoce el talento donde está porque actuamos con expectativas que funcionan como un filtro; la adaptación no equivale a bienestar, ya que detrás de una aparente normalidad puede esconderse un esfuerzo sostenido por encajar; y pertenecer a un grupo no debería exigir camuflarse ni esconderse.
Rodríguez explicó cómo el patrón de camuflaje varía según la etapa evolutiva. En infantil, las niñas con altas capacidades intelectuales suelen mostrarse precoces pero muy autónomas, lo que hace que "funcionen tan bien solas" que pasen desapercibidas. En primaria, se convierten a menudo en la "alumna modelo", asumiendo con frecuencia un rol de coprofesora de compañeros que, advirtió, no debería cronificarse. Y, en la adolescencia, destacar empieza a tener un coste social, lo que lleva a muchas chicas a restar importancia a sus logros o a evitar situaciones en las que puedan equivocarse en público.
Cuatro objetivos y claves prácticas para familias y escuelas
La psicóloga propuso organizar cualquier intervención en torno a cuatro objetivos: el reto intelectual, el bienestar emocional, la pertenencia social y la autonomía. En el ámbito familiar, recomendó normalizar las diferencias sin convertirlas ni en una etiqueta de honor ni en un problema, validar la curiosidad intelectual dedicándole tiempo real, cuidar el bienestar emocional sin sobredimensionar las notas académicas, fomentar la autenticidad y enseñar a las niñas a defender de forma asertiva sus necesidades educativas.
En el ámbito escolar, pidió a los docentes reconocer que existen muchas formas de talento más allá del rendimiento académico, crear entornos y retos cognitivamente estimulantes, y evitar encasillar a las alumnas en roles de ayudantes permanentes de sus compañeros. También reclamó una mayor coordinación entre familias y escuelas, "condenadas a entenderse", como única vía para dar una respuesta coherente a estas alumnas.